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No soy lingüista, pero…

Author Ernesto   

El hecho de tener cierta vocación por la lectura me hace estar siempre atento a las cosas que se dicen con respecto al uso de nuestro idioma, sublevándome ante absurdos como el "lenguaje inclusivo" (por mas de que haya quienes lo defiendan) y siguiendo lo que se pueda decir con respecto a las decisiones de traducción en las películas (y sobre todo en sus títulos).


El caso es que creo que este interés se acrecentó desde mi llegada a España, al notar las peculiaridades sobre la forma regional del idioma por aquí, llevadas al extremo por los andaluces (¡con curso y todo!), y así he seguido hasta la fecha cuando de salto en salto llegue a unas entradas del blog "La peña lingüística" en las que se hacia mención al escándalo que quiso desatar el diario Correo a propósito de la redacción de la congresista Supa, asi como a la desafortunada expresión "tenianos" hecha por el Primer Ministro Velásquez Quesquén, en estos casos dicho autor aparece a la defensiva de dichas peculiaridades diciendo: "…..Debemos comprender que quienes hablan diferente lo hacen siguiendo procesos y reglas que son tan complejas como las reglas y procesos que nosotros seguimos en nuestra forma de hablar. Que hablar diferente no es una forma de ignorancia. Es, de hecho, un saber, una forma de conocimiento, tan rico y complejo como el nuestro.

No tendríamos que burlarnos del Primer Ministro porque, como muchos otros de nuestros compatriotas, dice teníanos en vez de teníamos. Al contrario, lo mismo que en el caso de la congresista Supa, tendríamos que alegrarnos de que quien pertenece a estos grupos generalmente fuera de la escena oficial (como su forma de hablar claramente revela), alcancen posiciones que les permiten incorporar su punto de vista en la administración del poder …"


Es usual para Miguel Rodriguez (autor de dicho blog) salir en defensa de casi todas las peculiaridades del habla, no solo a nivel grupal sino a nivel individual, en oposición a lo que denomina discurso prescriptivo, sugiero revisar sus puntos de vista, yo lo he hecho y si bien se puede coincidir con él en algunos aspectos prefiero tomar con pinzas lo que cuenta, pues llevado al extremo implicaría la carencia de normas comunes sobre el uso del idioma.


Le comente lo anterior a mi mama a propósito de un comentario que hizo acerca de quienes "no sabían hablar", y luego de esto me explico el caso en detalle: se trataba de un profesor de matemáticas que por provenir de la sierra (y seguramente con mucha influencia quechua) a la hora de explicar ecuaciones decía "eques" en vez de "equis" para referirse a la "X" (tan usual como representación en las formulas matemáticas), entonces me dijo que como colegas le habían insistido en la necesidad de esmerarse para dar clase y todo eso, entonces en este caso tocaríamos con lo dicho por "la peña" acerca de que se estaría tratando de imponer un cambio en la forma de expresión propia de las personas, y claro… no deje de pensar en lo que me dijeron acerca de una profesora latina en Madrid a la cual se le exigía que hablara la "c" como "zeta" (norma peninsular) y no como "s" (norma americana), ¿cuál es el límite de la adaptación a la que uno debe someterse según el entorno?, y a riesgo de ser arbitrario he pensado en algunas cosas que probablemente muchos no estarán de acuerdo:


Vocabulario diferente entonces necesidad de aprenderlo, sobre todo cuando el sinónimo conocido no es el más usual en el nuevo entorno.


La "prescripción" es necesaria y útil en tanto nos permite definir unos mínimos para facilitar la comunicación entre hablantes de las diversas normas de una misma lengua, las variaciones pueden existir y hacerse notar, pero sin llegar a que las diferencias hagan difícil la comunicación entre hablantes de un mismo idioma, de ahí la importancia que cobra la educación así como el desarrollo del habito de la lectura.


Si hay necesidad de cambiar reglas (¿RAE?) estos cambios deben provenir dentro de las necesidades de expresión no cubiertas por las nuevas ideas o conceptos (la necesidad de neologismos como "campeonar") , pero siempre dentro de la propia tradición del lenguaje, en ese sentido una de las características más apreciadas y valiosas de nuestro idioma es el hecho de que las 5 vocales fonéticas tienen una correlación precisa con las 5 vocales escritas, habiendo reglas claras y sencillas acerca de las excepciones con la "u", otra diferencia es que las variaciones reguladas sobre la pronunciación se han dado siempre sobre consonantes (el "seseo" americano, el uso de la "sh" como sonido de la "ll" en los argentinos, la no distinción entre "y" y "ll"……) mas no sobre vocales, en ese sentido el permitir la ambigüedad entre "i" y "e" (proveniente del quechua) iría contra la propia tradición del lenguaje, todo lo contrario a lo que le pasa a dicha profesora latina ya que quienes le exigen ese cambio olvidan que dicho norma está regulada (y además mayoritaria en el universo hispano hablante).Otro fue el caso de un amigo argentino que se fue a Navarra, y buscaba conocer un castillo por lo que preguntaba cómo se podía llegar al "castisho", lo cual hizo que muchos colocaran cara de asombro hasta q alguien le dijo "¡ahhh el castillo!!!".


En fin…. No me ha salido un post tan fino como hubiera deseado, pero creo que vale la pena reflexionar sobre qué es lo legítimamente criticable en cuanto a la forma de expresarse de los personajes públicos, y que es lo que corresponde a la norma o variante de un grupo en particular.


Actualización:Creo que es conveniente dar un lectura a este articulo donde se comenta sobre la discusión de si el quechua tiene 3 o 5 vocales, eso nos permitira tener algunas pistas con relacion a la ambigüedad de pronunciacion del colega de mi mama y el profesor de Javier Lishner (ver comentarios).

2 Comments to “No soy lingüista, pero…”

  • Javier Lishner   agosto 16, 2009 1:02 a. m.

    La verdad que tampoco podría decir si el artícuulo salió fino o no, pero qué interesante tema el que tocas.

    A la vez, me hiciste recordar a un profesor de la secundaria en Lima, al que pusimos como sobrenombre "Achi". Lo que nunca supe es como se escribía. Lo cierto es que el motivo fue por su insistencia en denominar a la novena letra del abecedario español, como "achi", en vez de "hache".

    Lo curioso es que era el maestro de Química, y la letra en cuestión -que como sabemos representa al hidrógeno- era mencionada permanentemente.

    Desde aquí mi aprecio para el maestro, donde quiera que la vida lo haya llevado.

    Saludos Ernesto.

    JL

  • Angela   agosto 26, 2009 3:55 a. m.

    Tienes razón, no eres lingüista... Si lo fueras, tal vez apreciarías mejor las particularidades de cada forma de hablar.

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